La Resiliencia

Esta capacidad se define como aquella que nos permite ser flexibles y poner en marcha formas de actuar adaptables a las circunstancias que estamos viviendo.
En el día a día familiar es un excelente recurso disponer de resiliencia y buscar entrenarnos para saber a la ocasión hacer uso de ella.
Muchas veces, y sin darnos cuenta, no percibimos que nuestra modalidad educativa puede ser de obstáculo a entrenar la resiliencia.
Todo tiene origen en el hecho que en ocasiones utilizamos formas educativas que se basan en ideas distorsionadas. Por ejemplo, es más que comprensible desear que nuestros hijos no sufran y, siguiendo esta idea, llegamos a resolverle problemas que, en vez de ayudarlo a crecer, les hacen sentir incapaces de afrontar y resolver cuestiones o conflictos.
Resolver y evitar problemas es una actitud poco educativa, pues lleva consigo un mensaje de desconfianza y de incapacidad a la hora de actuar por cuenta propia, arrebatándole la enseñanza que esa particular circunstancia le habría otorgado.
Esto no significa que se tengamos que convertir nuestros niños en un adulto pequeño y dejarle hacer todo por sí mismo. Es importante que sepa que cuenta con nosotros, que puede pedir ayuda y que no está solo. Pero no SIEMPRE podrás estar ahí, por lo tanto, tu trabajo es enseñarle a manejar la incertidumbre y a resolver problemas por sí mismo.
Como entrenar la resiliencia en nuestro hijo:
1) Trasmite seguridad. No le resuelvas todo, ayúdale a hacerlo por sí mismo. Si buscas siempre darle comodidad y certeza, estas interviniendo sobre su capacidad para que resuelva por sí mismo.
2) Elimina ansia y preocupaciones sobre lo que no puedes controlar. Es comprensible que como padres tratemos de evitar el peligro a toda costa. Pero eliminarlo por completo no sólo es imposible, si no que le limita la posibilidad de desarrollar resiliencia.
3) Prueba y error: utiliza y descubre alternativas para encontrar la solución. Enseñarle a resolver los problemas por sí mismo es de vital importancia. Enséñale a tu hijo a encontrar la manera, busca junto con él. Dale la oportunidad de descubrir qué funciona y qué no. Acompáñalo, pero no lo resuelvas tú.
4) Ejercita y descubre la inteligencia múltiple: cada uno tiene capacidades originales. Todos tenemos áreas donde nos movemos mejor. Es importante que experimentemos de manera original y creativa nuestras destrezas. Esto es sin duda una forma generadora de confianza.
5) Abandona los límites y la desconfianza. Muchas veces la idea de protección se transforma en inhibición y utilizamos el miedo como recurso. Si queremos que nuestro hijo aprenda a nadar, es muy importante aclarar nuestra motivación para saberla transmitir. No es lo mismo decir: “ Tienes que aprender a nadar porque si no el en agua te ahogarás”, que dirigirnos a un niño invitándolo a descubrir las emociones y el placer que el agua es capaz de ofrecer divirtiéndose y aprendido a moverse en ella con seguridad. Podemos decir: “Nadar en el agua es super divertido, vas a descubrir un mundo de juegos nuevos”.

La educación familiar requiere un esfuerzo importante, pero los frutos que se pueden recoger van mucho más allá de lo imaginable.
La felicidad nos espera si aprendemos a dirigirnos hacia ella.

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