Nuestras Emociones

Terapia Emocional: Base Científica

La ciencia, junto con la tecnología de última generación, ha permitido un importantísimo desarrollo de conocimientos y estudios en áreas que solo hace unas décadas resultaban impenetrables.
A fines del siglo pasado se pudieron obtener imágenes sorprendentes de las áreas cerebrales implicadas en acciones motoras. Sobre todo, se pudo apreciar como distintas zonas del cerebro estuvieran implicadas durante los procesos que definimos pensamientos abstractos.
Es importante recordar aquí que el cerebro está formado por millones de neuronas y conexiones dendríticas de magnitud similar por número a las estrellas de la vía láctea, o las galaxias esparcidas por el universo. Cerebro y universo siguen siendo extremadamente complejos y aun misteriosos para los estudiosos.
Una nueva ciencia pudo desarrollarse gracias a los avances tecnológicos, junto a potentes nuevos ordenadores y software siempre más a la vanguardia.
Nacía de esta manera La Neurociencia como campo de conocimientos que estudia el cerebro, las neuronas y, sobre todo: sus efectos en la mente.

¿Cuáles son los descubrimientos de las neurociencias?

Como hemos visto y gracias a los avances tecnológicos nacía la neurociencia, la cual tiene como objetivo de sus estudios comprender cómo funciona el sistema nervioso para producir y regular emociones, pensamientos, conductas y funciones corporales básicas. Los neurocientíficos estudian el complejo sistema nervoso en muchos niveles diferentes.
De aquí que se hable de neurociencias como un conjunto de disciplinas que busca el conocimiento de procesos che comprenden aspectos psicológicos, de la memoria, de la conciencia, de los estados afectivos, comprendiendo aspecto bio-funcionales en su complejo para poder tener una visión de conjunto de tipo comprensiva.
En definitiva: una nueva ciencia que en vez de definir un campo delimitándose y aislándose, por el contrario, busca interactuar con otras disciplinas para aumentar su conocimiento.
La ciencia, de esta manera, busca aportar no solo conocimiento sino mejoras en la vida personal y social del ser humano. Y gracias a esto podemos percibir y disfrutar mejor de nuestra experiencia vital.
Por otro lado, puede parecer que estamos asistiendo a la transformación de todo en ‘Neuro’. Escuchamos hablar de Neurolingüística, Neuroventas, Neurocomunicación, Neuroeducación, etc. Todo parece transformase en “Neuro” cual cosa.
Gracias a la proliferación de nuevos términos, a veces un poco forzados, se llega a la aparición de nuevos mitos conectados con una nueva área de estudios, que se pueden definir como ‘Neuromitos’.
El problema de los Neuromitos sería muy relativo sino se corriera el riesgo de llevar influencia en la dirección opuesta a donde se dirige la ciencia con sus descubrimientos.

¿Qué son los neuromitos?

Los neuromitos son las creencias que se supone que se basan en la neurociencia, pero que en realidad no tienen nada que ver con ella y además no tienen ninguna base científica.
Tomemos algunos de ellos:
Usamos el 10% de nuestro cerebro. ¿Esto significaría que la naturaleza con su inmensa sabiduría habría creado un órgano complejo del peso entorno al kilo y medio para llevárselo puesto dentro de la cabeza sin utilizarlo? Otra cosa es decir que algunas personas usan el cerebro mejor que otras.
Hay períodos críticos en la infancia después de los cuales ciertas cosas no pueden nunca más ser aprendidas. Las regiones cerebrales y sus circuitos se desarrollan a través de etapas, que pueden considerarse como más mascadas y aceleradas respecto al aprendizaje. Pero si hablamos de potencial de aprendizaje, entendemos algo mayor que solo procesos y actividades. No existe un calendario predeterminado para el aprendizaje, es necesario comprenderlo como proceso que está presente en todo nuestro ciclo vital.
Existen personas de hemisferio ‘izquierdo’, y otras de ‘derecho’. Se trata de un planteamiento erróneo, pues aprendemos con todo el cerebro. El aprendizaje se relaciona con lo que se llaman redes neurales, se trata de las conexiones de neuronas que permiten el aprendizaje. Es un mito pensar que alguien para aprender utiliza más un hemisferio que otro. Todo nuestro sistema concurre para ello generando redes nuevas e interconectadas para ampliar nuestro bagaje de conocimientos y experiencias.
Por algún motivo ancestral preferimos muchas veces creer y sostener como ciertas ideas simplificadas basadas en mitos. Por un lado, el mito simplifica los aspectos estructurales de lo que sostiene, y transforma en prácticas simple algo que puede ser complejo. Por otro lado, puede ser determinista y limitar nuestras potencialidades. Una creencia es un atajo simple, pero a su vez no permite salirse de ella.
La idea de disponer de una nueva ciencia es alentadora con respecto a nuestro futuro. Con la ambición de progresar y descubrir nuevos horizontes que en definitiva nos permitan vivir mejor.

Una ciencia para las emociones

“Las emociones son un conjunto de reacciones orgánicas que experimenta el individuo cuando responde a ciertos estímulos externos permitiéndole adaptarse a la situación”.
Así podemos simplificar diciendo que es una respuesta adaptativa de nuestro sistema vital.
Cabe recordar que la palabra emoción deriva del latín ‘emotio’ que significa impulso, movimiento.
Por una parte, cuando experimentamos una emoción se observa una respuesta neurofisiológica (o sea que nuestro sistema nervoso tiene una reacción automática y rápida, se activa). Junta a ella aparece la percepción consciente de estar probando algo muy bien definido y fuerte. Pero aquí surge la pregunta para comprender su funcionamiento: ¿Quién llega primero el pensar o el sentir? ¿Pensamos y después sentimos, o sentimos y después pensamos?
Lo que la ciencia ha podido evidenciar es que existen dos tipos de vías o circuitos que procesan la información emocional. Una es rápida, inconsciente, automática, (cuestiones de primer orden vital = sobrevivencia) y una vía más lenta, consciente, ‘controlada’. En esta segunda vía es donde existe la posibilidad de intervención o gestión de nuestras respuestas emocionales. Si como si ha demostrado este circuito puede recibir influencia e intervenciones por parte de nuestro sistema más evolucionado, entonces tiene que existir la posibilidad de ‘entrenarlo’, de ir a un ‘gimnasio’ para aprender a gestionar nuestras respuestas a las emociones.
La cosa más interesante a la cual ha llegado la ciencia es a demostrar la plasticidad de este órgano. Y esto es una aportación de valor inestimable para el desarrollo personal.

Para recordar

Nuestro cerebro está formado por millones de neuronas y conexiones dendríticas de magnitud similar por número a las estrellas de la vía láctea, o las galaxias esparcidas por el universo. Cerebro y universo siguen siendo extremadamente complejos y aun misteriosos para los estudiosos.

Las neurociencias son un conjunto de disciplinas que busca el conocimiento de procesos che comprenden aspectos psicológicos, de la memoria, de la conciencia, de los estados afectivos, comprendiendo aspecto bio-funcionales en su complejo para poder tener una visión de conjunto de tipo comprensiva.

Los neuromitos son las creencias que se supone que se basan en la neurociencia, pero que en realidad no tienen nada que ver con ella y además no tienen ninguna base científica.

“Las emociones son un conjunto de reacciones orgánicas que experimenta el individuo cuando responde a ciertos estímulos externos permitiéndole adaptarse a la situación”.

La cosa más interesante a la cual ha llegado la ciencia es a demostrar la plasticidad de este órgano. Y esto es una aportación de valor inestimable para el desarrollo personal.

 

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